26 Ago 2019

Una mirada diferente a la jornada laboral – Sergio Merino

Si usted miró los titulares de la prensa en los últimos días se habrá hecho la idea de que están ocurriendo muchas cosas al mismo tiempo en el ámbito económico: la duración de la jornada laboral, los salarios promedio de los trabajadores en Chile, los avances en la reforma a las pensiones, la preocupante tasa de productividad del trabajo, etc.

El tema que unifica y da contexto a toda la discusión es y sigue siendo el trabajo, su importancia y sus múltiples dimensiones, como actividad humana y piedra angular del desarrollo de las personas, la familia y la sociedad. Como hombres y mujeres de empresa cristianos, esta realidad no nos es ajena, y tener responsabilidad sobre el trabajo de otros es algo que no tomamos a la ligera. Y esto es válido tanto para los empresarios y emprendedores que dan trabajo, como para las autoridades públicas –políticas y gremiales– que influyen e inciden en las reglas del juego del trabajo para todos los demás.

El común denominador en la discusión reciente sobre la jornada de trabajo es que ha faltado rigor técnico por un lado y, por otro, también que se ha echado de menos una mirada integradora y profunda, que considere el rol de la empresa, la opinión de los trabajadores y la de aquellos que quieren incorporarse al mundo del trabajo, todo esto desde una mirada que considere la dignidad de la persona, su progreso material y espiritual, y el bien común.

Haber trabajado en una empresa ayuda a descartar cualquier tipo de pensamiento mágico: la reducción de las horas de trabajo no es gratis. Incluir la variable de la flexibilidad modula el efecto, pero no lo hace desaparecer. O aumentamos en forma significativa la productividad o alguien pagará la cuenta: los trabajadores por menores salarios; las empresas por menos utilidades o los consumidores por mayor precio. Es ilusorio pensar que esto solo va a recaer en la rentabilidad de las empresas.

Tampoco existen las soluciones universales, pues la realidad tiene matices.Cuando uno es un consumidor nos gusta que haya empresas que presten servicios 24/7, pero ese costo está incluido en la cuenta. Con 45 horas semanales se necesitan 4 turnos para cumplir con el máximo de horas extraordinarias, vacaciones, etc. Con 40 horas, probablemente necesitarán 4 turnos y medio, y alguien deberá paga la cuenta.

Por otro lado, nos preocupa que la mitad de la fuerza laboral tenga salarios inferiores a $500 mil, y también nos preocupa que una reducción de la jornada laboral sin un incremento equivalente de la productividad se traduzca en menores sueldos. La realidad y la evidencia apuntan a que solo si se aumenta la productividad se puede reducir la jornada laboral, y de paso incluso aumentar los salarios, pero no al revés.

Antes de entrar en discusiones bizantinas e ideológicas, un empresario, ejecutivo o emprendedor prefiere enfocarse de modo natural en lo concreto, en aquello que puede gestionar. Por eso proponemos que antes de contar el número de horas de la jornada, nos preocupemos de la calidad del trabajo que hace cada uno y nuestros equipos más próximos.

Le sugiero hacer este ejercicio sólo por un día, hágalo mañana lunes: ¿Qué pasaría si por un día nos obligáramos a cumplir todos los compromisos que adquirimos y los plazos que nos fijamos; si respetamos el tiempo y el trabajo de los demás haciendo bien y a la primera lo que nos corresponde a nosotros? Lleve la cuenta de un día y proyéctelo por un año laboral.

Todos queremos tener más tiempo para la familia y para otras actividades, pues no se vive para trabajar, sino que se trabaja para vivir. Algunas empresas han implementado buenas prácticas que aprovechan la flexibilidad en el horario como una vía para lograr ese objetivo, y las más exitosas serán aquellas en las que el buen uso del tiempo sea parte de su cultura interna.

Un destacado economista propuso la paradoja de que los chilenos queremos trabajar como franceses y crecer como asiáticos. Sin juzgar la validez de dicha afirmación, nos parece que la solución parte por trabajar bien cuando hay que hacerlo, respetar el tiempo de los demás, cumplir con la palabra empeñada, hacer las cosas bien y a la primera. Y eso podemos empezar a hacerlo mañana lunes temprano.

Publicación: Domingo 25 de agosto en El Líbero.