06 May 2019

Trabajo Digno y Productivo – Sergio Merino

Los esfuerzos de conciliación entre trabajo y familia deben considerar las sucesivas etapas de la vida profesional y laboral de las personas, pues los intereses y necesidades cambian con el paso del tiempo.

Esta semana y en el marco de la celebración del Día Internacional del Trabajo, fuimos invitados a la presentación del proyecto de ley de modernización laboral para la conciliación del trabajo, la familia y la inclusión, que se realizó en La Moneda. La iniciativa toca una fibra muy sensible para cualquier empresario, ejecutivo o emprendedor cristiano: la importancia de lo que llamamos el “buen trabajo”.

La mayoría de los titulares de prensa fueron atraídos por los detalles más vistosos –la posibilidad de adaptar la jornada laboral a 4 días y descansar 3– y me pareció oportuno aprovechar esta tribuna para destacar otra dimensión del trabajo: independiente de la jornada o del lugar donde se realice, lo importante es un mejor trabajo. Y por mejor, entendemos el trabajo digno y productivo.

Primero, digno, pues el trabajo no sólo es la principal fuente del sustento de las personas y las familias. Es además una oportunidad de realización personal y de participar del proceso creador que Dios nos puso por delante. En ese sentido, el proyecto de ley está bien inspirado, pues la inclusión y la conciliación entre las responsabilidades familiares y personales –incluidas las prácticas religiosas– y las del trabajo son elementos constitutivos del trabajo digno.

Asimismo, los esfuerzos de conciliación entre trabajo y familia deben considerar las sucesivas etapas de la vida profesional y laboral de las personas, pues los intereses y necesidades cambian con el paso del tiempo.

Todo lo anterior encamina a las empresas a un modelo de Responsabilidad Familiar Empresarial (RFE) que pone a las personas y sus familias en el centro de las decisiones.

El proyecto de ley también incorpora medidas para favorecer la inclusión laboral de personas privadas de libertad, mejoras a la ley de inclusión de personas con algún tipo de discapacidad y, por supuesto, para responder a la gran deuda que el mundo del trabajo tiene con las mujeres.

En este aspecto, USEC también propone ampliar la mirada sobre la inclusión, pues impacta de modo decisivo en la dignidad y productividad del trabajo. Tenemos la responsabilidad y la posibilidad de ofrecer trabajos a personas que, con miradas diferentes, encuentran nuevas maneras de aportar al bien común. A los grupos que aborda el actual proyecto de ley, tenemos que incluir los migrantes, las personas de la tercera edad, la enorme diversidad que aportan las nuevas generaciones de jóvenes. Todos ellos le van a dar a las empresas una mirada renovada, acorde a los desafíos que actualmente enfrentan.

El concepto de productividad es mucho más amplio y profundo que el de la rentabilidad y la eficiencia. Un trabajo digno y productivo es un aporte y crea valor en una empresa, crea riqueza, permite a la persona ejercer la creatividad y un liderazgo adecuado –ser un buen jefe–. Fomenta la subsidiariedad y la responsabilidad, permitiendo que las decisiones se tomen en los niveles adecuados; ofrece oportunidades de aprendizaje y capacitación, para que nuestros colaboradores asuman nuevas responsabilidades y sean un aporte a la empresa, de manera que ésta sea plenamente humana, altamente productiva y socialmente sustentable, contribuyendo así de modo decisivo al bien común.

Publicación: Domingo 5 de mayo de 2019, en El Líbero.