14 Jul 2019

La trascendencia de un nuevo propósito – María Angélica Zulic

“No sé qué pasa con el mercado laboral; llevo un año buscando y no encuentro un empleo”. “He postulado a distintas empresas y diversos cargos, y ni siquiera se concreta algo más allá de una entrevista”. Si conoce a un profesional mayor de 40 años, con buena trayectoria y múltiples competencias que busca trabajo, de seguro ha escuchado estas frases. Puede que usted mismo las haya dicho alguna vez. Si es así, reconocerá las inquietudes que vienen a continuación: ¿Es que estoy sobre-calificado? ¿Es un tema de edad? ¿Mi perfil no es lo que busca el mercado laboral? ¿Las empresas no están reemplazando las posiciones o el país está estancado y las expectativas de crecimiento económico no son creíbles? ¿Fui reemplazado por un algoritmo?

La respuesta al parecer está en que el futuro del trabajo ya es presente; el cambio que marcará la historia del trabajo ya ocurrió. Son sus consecuencias las que todavía no hemos aquilatado. Dar una respuesta a esas inquietudes requiere coordinar a tantas personas que da la impresión de ser una amenaza futura, pero lo cierto es que todas las piezas necesarias para resolver el puzle ya están sobre la mesa; estamos tardando en encajarlas. Ese es el punto.

El verbo trabajar debemos conjugarlo en sus formas plurales y empezar a acostumbrarnos a tener “trabajos”, no “trabajo”.

Ya no es realista pensar en el trabajo como algo estable y fijo. El verbo trabajar debemos conjugarlo en sus formas plurales y empezar a acostumbrarnos a tener “trabajos”, no “trabajo”. Empezaremos a usar más la palabra “proyecto” que “objetivo”; más “horizontes” que “metas”. La flexibilidad es un requisito y no una ventaja; la zona de confort es el lugar donde están las iniciativas que fracasaron… o las que lo harán pronto.

Lo sabemos, nos lo han dicho y mostrado a menudo: todavía no existe el nombre del puesto de trabajo que ocuparán nuestros hijos o nietos. Intuimos que probablemente tampoco exista el que van a ocupar quienes este año ingresaron a la universidad. Y si no se sabe, no es porque a las universidades les falte creatividad o las empresas guarden esas definiciones en un sobre sellado. ¡Es que ellas tampoco lo saben con certeza! Quizás debamos acostumbrarnos a la idea de que la educación y la formación ya no sea una etapa que termina donde comienza la búsqueda de trabajo. El trabajo y la capacitación ya no son categorías excluyentes que se alternan; deberán convivir con carreras breves, en las que se formarán profesionales en contenidos y prácticas específicas acorde a los requerimientos de mercado y la contingencia, para dar respuesta rápida a las necesidades y por sobre todo apuntar a una alta empleabilidad en un corto plazo.

El propósito de una empresa y del trabajo es distinto del beneficio que se obtenga, no se agota en sí mismo, sino que revierte sobre otros; impacta y crea valor en la vida de otros, no sólo en la propia.

En ese mundo, la tecnología será el mayor aliado de los trabajadores y de las empresas. Y en este nuevo escenario tú eres quien debe innovar en la forma de conseguir los recursos económicos, abrir caminos a esta nueva era, donde convivir con la tecnología significa replantearte las relaciones desde y hacia las personas, respetando los límites de lo éticamente correcto y lo que te exige la empresa en términos de resultados.

Una de las palabras que comenzaremos a oír y a pronunciar más a menudo es la palabra “propósito”. El propósito de una empresa y del trabajo es distinto del beneficio que se obtenga, no se agota en sí mismo, sino que revierte sobre otros; impacta y crea valor en la vida de otros, no sólo en la propia. Su esencia hace que nos permita aceptar el fracaso, la crítica. Aquellos que buscan un propósito, ven el fracaso como una oportunidad, y aceptan el camino que, como es normal, está lleno de obstáculos y de momentos duros, por lo que construyen disciplinas y manejan una visión generosa de sus vidas, en la medida en que saben que sus actos tienen objetivos que trascienden su propia realidad.

La experiencia de 71 años de USEC, nos ha enseñado algo: las empresas que tienen un propósito trascendente tienen más y mejores herramientas para navegar en momentos en que la incertidumbre es más fuerte. Y esa confianza que nace de la creencia en un propósito compartido es una muy buena noticia para los hombres y mujeres de empresa.

Publicación: Domingo 14 de julio en El Líbero.