27 Sep 2019

El rico y el pobre Lázaro – P. Hugo Tagle

Comentario del Evangelio – Domingo 29 de septiembre de 2019

Evangelio según San Lucas 16, 9-31

El rico y el pobre Lázaro

¡Queridos amigos!

Viene a cuento este domingo la conocida anécdota de las peticiones que hizo Alejandro Magno antes de su muerte.

Cuenta la leyenda que Alejandro Magno hizo tres peticiones a sus ministros antes de morir. Que su ataúd fuera cargado por los mejores médicos de la época. Que los tesoros que poseía fueran esparcidos por el camino hasta su tumba. Que sus manos quedaran fuera del ataúd y a vista de todos. Los ministros, sorprendidos, preguntaron: “¿Cuáles son los motivos?” Alejandro respondió: “Quiero que los mejores médicos carguen mi ataúd para mostrar que no tienen ningún poder sobre la muerte. Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales que aquí se conquistan, aquí se quedan. Quiero que mis manos queden fuera del ataúd para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías y nos vamos con las manos vacías.”

Esta célebre anécdota del gran Alejandro, nos da cuenta de lo efímero de los bienes materiales y lo fugaz que es la vida. Jesús nos habla, a través de la parábola del rico y el pobre Lázaro tanto de la importancia de ser generosos como lo grave que es su administración de cara a la salvación. Dios toma en serio el uso de nuestros bienes materiales y la forma en que tratamos a los demás, los abandonados, pobres y afligidos. Dios tiene una especial consideración con los que más sufren y nos exhorta a tenerla nosotros también. Es más, camino al cielo nos presidirán los abandonados, los miles de “Lázaro” que abundan en el mundo. Nos santificamos y santificamos a los demás a través del servicio a los demás y el buen uso de los bienes confiados. Solo tenemos esta vida para hacer el bien. La otra, será para dar cuenta de ello. Y no nos llevaremos nada para el otro lado. El Papa Francisco ha repetido varias veces, con simpática ironía que “nunca he visto un carro fúnebre con un camión de mudanza detrás”. Vivimos “de cara al cielo”, aprovechando cada instante para hacer el bien, dejar el mundo un poco mejor de lo que lo encontramos y administrando con sabiduría los bienes que Dios nos ha confiado.